Discurso de inauguración por Catalina Romero Ramos Gobernadora 2014 – 2015

Apreciados ponentes, y participantes

Señoras y señores

Tengo la satisfacción de dar la más cordial bienvenida a todos ustedes a este magno Congreso Nacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social desde esta preciosa ciudad, símbolo de historia, leyenda, cultura y belleza, donde lo mágico y lo real se funden armónicamente como un conjuro, que logra aglutinar a toda nuestra querida familia de laboralistas. Académicos, jueces de todos los niveles, asesores, litigantes y estudiantes, ustedes todos han aceptado nuestra convocatoria para congregarse desde hoy en este acogedor recinto con el fin de examinar y procurar soluciones a los más complejos problemas de la palpitante realidad laboral y de la seguridad social colombiana, contando con las valiosas luces de los connotados expertos internacionales Wilfredo Sanguineti y César Carballo y de una selecta listas de conferencistas y panelistas nacionales.

Muchos afirman, con sólida razón, que por diversas circunstancias Cartagena de Indias es la puerta de entrada del derecho del trabajo en Colombia, ese derecho del trabajo que tuvo su real gestación y florecimiento preliminar en la década de los años cuarenta, y que se mantiene vivo en los principios inmutables que le dieron origen, los cuales han cobrado nueva vida, pero que indudablemente hoy no es el mismo derecho del trabajo que aprendimos en las aulas universitarias.

Si nos imagináramos a alguien que se haya ausentado del país hace 25 años y regresara hoy, se sorprenderá con un derecho del trabajo en el que si bien la abundante normatividad aspira ser fuente máxima de seguridad jurídica y de igualdad, hoy cualquier solución a los complejos temas de las relaciones laborales individuales y colectivas debe estar inspirado en principios y valores constitucionales, en el imperio de la equidad, valor escencial de un estado social de derecho que se manifiesta en la necesidad de que el derecho al trabajo no solo encarne la búsqueda incesante por un empleo sino que logrado éste, se realice en un ambiente de dignidad; el trabajo digno que proclama nuestra carta fundamental en una expresión más afortunada que el llamado trabajo decente pregonado por la OIT, un trabajo de respeto de los derechos fundamentales del trabajador y del ser humano, donde la ley y la Constitución no sólo sean referente de obligatoria aplicación para sus destinatarios sino que ella debe estar nutrida de una dosis vital de solidaridad y de responsabilidad social.

Pero ese derecho del trabajo también es realista, sabe que para que los postulados de nuestra especialidad y los derechos consagrados normativamente no sean una simple ilusión y se traduzcan en una realidad viviente y efectiva, se hace indispensable comprender que la fuente de empleo debe interactuar en un clima de seguridad jurídica mínima, que tiene derecho a la obtención de utilidad económica socialmente legítima, que es necesario una nueva cultura de colaboración y responsabilidad de trabajadores y de asociaciones sindicales, en procura de beneficios para los dos protagonistas del escenario laboral.

En la nueva realidad colombiana, debemos ser conscientes que los grandes temas de la política laboral, del derecho laboral y de la seguridad social, ya no los determinamos ni manejamos autónomamente; están guiados por paradigmas internacionales:

Las declaraciones de los principios y derechos fundamentales del trabajo de la OIT, los convenios de ese organismo ratificados por nuestro país; los compromisos contraídos como condición para ingresar a la OCDE, (Organización para cooperación y el desarrollo Económico) y ante todo, los deberes expresos y tácitos que fluyen del plan de acción derivado del TLC con los Estados Unidos de América.

Manifestaciones tan concretas como los procesos de formalización laboral, el énfasis en las acciones de inspección y vigilancia, y el decaimiento de las cooperativas de trabajo asociado emanan en gran medida de tales compromisos.

En este Congreso se avocarán por selectos conferencistas y panelistas los temas más palpitantes de nuestra especialidad, con la participación de todos ustedes.

Empezaremos con pie derecho con las conferencias magistrales de nuestros invitados especiales quienes a pesar de sus trascendentales actividades profesionales y académicas tuvieron la amabilidad de aceptar nuestra invitación y desplazarse hasta esta mágica ciudad para ilustrarnos con su sabiduría y deleitarnos con su capacidad de expositores.

En primer lugar, el ilustre profesor Wilfredo Sanguineti, catedrático y subdirector del master de derecho del trabajo de la Universidad de Salamanca, quien en su intervención avocará el complejo y apasionante tema de los “Derechos de la persona del trabajador y poderes empresariales”, la cual iluminará esta noche Cartagenera.

Mañana tendremos el privilegio de escuchar al profesor César Carballo, sobre “Indicadores de la relación de trabajo”, una de las cuestiones más discutidas en la historia del derecho del trabajo y fuente de innumerables procesos, pero que siempre será materia de interesantes y novedosas posiciones doctrinales; con mayor razón bajo la óptica de la Recomendación 198 de la OIT y de la extensa jurisprudencia sobre el particular.

Seguidamente habrá un panel sobre un tema que suscita una de las mayores controversias académicas y en las relaciones laborales: “Tercerización y controles de la intermediación”, en el que tendremos la Intervención del Viceministerio de Relaciones Laborales e Inspección”, junto con uno de los iuslaboralistas que más ha estudiado esta problemática, el colegiado doctor Álvaro Diego Román. Este panel será moderado por el doctor Diego Felipe Valdivieso, calificado expositor de este difícil tema.

Es innegable que una de las mayores preocupaciones del mundo empresarial laboral radica en las competencias y los límites que tienen los entes gestores de la seguridad social en materia de cotizaciones y aportes. Y por ello qué mejor que oír la voz autorizada de los máximos responsables gubernamentales de estas atribuciones, el doctor es Jorge Mario Campillo de la UGPP quien compartirá panel con el experto asesor empresarial doctor Carlos Hernán Godoy, quien precisará cuál es el salario para esos fines. Este panel contará con la excelente moderación de la doctora María Lucía Barrera.

El derecho colectivo del trabajo tendrá destacada presencia académica en este congreso con tres conferencias: la primera, a cargo del doctor Jairo Burgos, quien nos ilustrará con su sapiencia acostumbrada con los “Presupuestos necesarios para una negociación colectiva efectiva”. La segunda, con los juiciosos planteamientos del insigne jurista Gustavo Gnecco, sobre la huelga imputable al empleador, y la tercera, sobre las pautas y cambios en la jurisprudencia atinente a la anulación de laudos arbitrales en conflictos colectivos de trabajo, bajo la experticia del jurista Víctor Julio Díaz.

Los avances y los retos de la protección laboral y de la seguridad social serán expuestos por ex viceministro de empleo y seguridad social, hoy Director del centro de acción regional de la Organización Iberoamericana de seguridad social para Colombia y el área andina, el conferencista Juan Carlos Cortés.

Cerraremos con broche de oro este memorable certamen con un panel sobre un tema propio de nuestra realidad, que suscita gran interés político y social, como es el conflicto y postconflicto en las relaciones laborales y el derecho laboral, en el cual brillarán las muy autorizadas opiniones de Laura Gil, reputada politóloga y analista política; Víctor Hugo Malagón, consiliario de la universidad del rosario y destacado consultor empresarial y Liliana Caballero, directora del departamento de la Función Pública.

Al final de cada panel habrá un espacio para absolver algunas preguntas.

El ambicioso programa académico de este Congreso nos convoca a todos a reflexionar sobre estos temas que desvelan a muchos empresarios y trabajadores y que identifican no solo el presente sino el futuro del derecho laboral y de la seguridad social.

Sin duda alguna el nuevo derecho del trabajo debe estar estructurado en el indispensable equilibrio entre derechos de la persona del trabajador y los poderes empresariales; la jurisprudencia debe precisar aún más los criterios indicadores de las relaciones de trabajo; la tercerización no se puede satanizar, existe en la casi totalidad de los países, es herramienta imprescindible de la iniciativa privada, cuenta con aceptación constitucional inequívoca, pero en su utilización debe ser legítima, no puede ser instrumento de intermediación simplemente para esconder un direccionamiento laboral, ni mucho menos para enmascarar verdaderas relaciones laborales y, sin que cause temor, debe estar sujeta a una razonable inspección y vigilancia creativa del Ministerio de Trabajo.

Pero ante todo en ella debe existir una gran dosis de racionalidad, proporcionalidad y responsabilidad social para no crear diferencias radicales entre los trabajadores de los beneficiarios de servicios y labores y los de empresas tercerizadas, y no convertirse en un mecanismo para que otros hagan las actividades esenciales de lo que incumbe al beneficiario de los servicios.

Así mismo las competencias de los entes gestores de la seguridad social deben ser claras, limitadas y ajustadas al ordenamiento legal, pero en nuestro país existe una marcada cultura de evasión y debemos estimular el cabal cumplimiento de las obligaciones de los empleadores en materia de cotizaciones y aportes parafiscales.

Creemos que la convención colectiva de trabajo debe ser considerada como el contrato más importante de cualquier empresa. A ella debe anteceder una negociación colectiva en la que impere la buena fe, y para que sea eficaz, debe estar precedida de cultura y práctica de buenas relaciones laborales que construyan real confianza entre los actores sociales.

La alta tasa de informalidad laboral en Colombia, que hace que una gran mayoría del trabajo esté al margen del derecho laboral genera una gran preocupación, es menester crear condiciones sociales y económicas que generen el verdadero derecho al trabajo dependiente; mientras no sea así nuestro derecho laboral tendrá un ámbito de aplicación minúsculo, y sin la extensión del empleo digno no habrá verdadera seguridad social. Ésta, si pretende ampliar su cobertura, y ser realmente solidaria e integral, debe cambiar la visión clásica y el tratamiento equivocado que se le ha dado a la informalidad en esa disciplina.

Por muchas razones, fuerza laboral, empleadores, gobierno, congresistas y jueces, debemos percatarnos de algo elemental pero en ocasiones inexplicablemente olvidado: Que el mundo cambió en este siglo XXI, para bien o para mal; pero esa realidad debe aceptarse y nos obliga a adaptarnos pronto a las nuevas circunstancias.

El mundo corre más rápido, es un mundo muy dinámico: acciones pretéritas de meses se convirtieron en días, horas o segundos del presente; la desaforada competencia comercial y de mercados impacta poderosamente las relaciones laborales, sin que la globalización económica se ajuste verdaderamente a una globalización social; el raudo avance tecnológico ha perfeccionado los productos finales, ha mejorado la salud y en muchos aspectos la calidad de vida, pero ha desplazado innumerables puestos de trabajo en una revolución parecida en efectos devastadores a los de la revolución industrial, y además ha generado nuevas necesidades laborales, ha sacado a los trabajadores de sus empresas.

Hoy, conceptos clásicos sobre jornadas de trabajo, subordinación y empleador, han tenido que ser reevaluados para ajustarse a las nuevas realidades tecnológicas, dando paso, por ejemplo a nuevas figuras como el teletrabajo.

Pero no debemos limitarnos a la imperiosa remodelación de las instituciones; en verdad más importante que refundar las instituciones del derecho laboral, es refundar nuestra mentalidad y con nuevos paradigmas culturales readaptar la nave del derecho laboral para que realice su exitosa travesía hacia nuevos mundos.

Si bien debemos analizar y comprender idóneamente el entorno socio económico laboral, lo debemos hacer con el cometido de diseñar con visión y criterio actual el nuevo deber ser de nuestra especialidad sin perder de vista que las normas del trabajo y de seguridad social son hechas para las mujeres y para los hombres.

Por eso con orgullo tolimense, mi cuna, considero que mi pensamiento encuadra en las sabias palabras de uno de mis más ilustres coterráneos, el maestro Darío Echandía, cuando pronunció este magistral axioma: “El derecho no trata de investigar cómo es el mundo ni cómo fue, sino que pretende descubrir y aún decidir imperativamente cómo debe ser”.

En el pasado pudo haber capitalismo sin derecho del trabajo con consecuencias devastadoras para todos, hoy no puede haber capitalismo sin derecho del trabajo, ni derecho del trabajo contra el capitalismo.

La verdadera seguridad social es la que se sustenta en la sostenibilidad financiera, pero también la que se hace con todos, por todos y para todos.

Si queremos arribar a unas relaciones modernas y productivas para empleadores y trabajadores, los laboralistas debemos tener la valentía de dar el paso de la confrontación a la colaboración, esa es la clave mágica y única para pasar del conflicto al postconflicto en materia laboral y al fin realizar el viejo anhelo de nuestro estatuto laboral, para que la meta de la justicia social esté debidamente articulada con la necesaria coordinación económica.

Mi mensaje es para todos ustedes, pero especialmente para los jóvenes. Esta Gobernación ha perseverado en los esfuerzos del Colegio por los semilleros de investigación. En cabeza de los mayores está hacer un examen de conciencia, preguntar a nuestros corazones y a nuestra mente en qué hemos fallado y no esperar que los protagonistas principales del conflicto nos impongan las soluciones, sino qué puede hacer cada uno de nosotros para entender al otro y lograr niveles de satisfacción.

Y en cabeza de ustedes, queridos jóvenes, está comprender y remodelar el derecho del trabajo; aprender de los errores que hemos cometido los mayores para no volver a incurrir en ellos y desarrollar una disciplina más justa y equitativa, que permita la productividad económica y social que necesitamos todos.

De antemano mi gratitud especial a todos los conferencistas y panelistas y a quienes han contribuido en la preparación y realización de este Congreso, y en general a todos ustedes que nos honran y nos alegran con su grata presencia.

Aspiramos que este Congreso no solo sea memorable por su trascendencia académica y por su utilidad profesional, sino también que se le recuerde como una gran fiesta de integración de nuestra familia laboralista donde el esparcimiento y la alegría sean nuestros reales referentes para que este evento tenga recordación eterna, ya que, en Cartagena como en el bunde tolimense la pena se hace buena y alegre el existir.

Doy por inaugurado el Trigésimo tercer Congreso Nacional de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social.

Muchas gracias.